Prometo que intentaré contenerme. Será la próxima vez que nos veamos. No te hablaré de la forma en que te hablé la última vez. Y por supuesto que no voy a mirarte y sonreírme de ese modo. Es más, si de hecho no puedo reprimir mis formas, simplemente me taparé el rostro con la mano y ya no verás mi boca ni mis ojos cuando te hable.
La próxima vez...prometo intentarlo.
Mi gran duda es si el intento servirá de algo.
Seguramente no...y mi último recurso será el de tapar mi cara: Te voy a ver espiando entre mis dedos, para que no veas mis ojos (ni mi sonrisa). Si llego a destaparme seguramente la próxima vez sea igual a la última.
Es que la última vez...tampoco intenté hacer lo que me dijiste que hice. Mientras lo hacía, en ello yo no pensaba...puesto que mis pensamientos sólo se centraban en todo lo que era tuyo y se erguía allí delante mío. Aunque te hagas la distraída yo sé que vos hiciste lo mismo que dijiste que yo hice.
Seguramente la próxima vez sea igual a la última.
Seguramente la próxima vez sea, entonces, la última vez.
Vos y yo volveremos a ser lo que fuimos la última vez, y ya cada intento de contenerlo será inútil. Apenas abra ese resquicio, entre mis dedos de la mano en mi cara, que me permita vislumbrar tu luz será.
Y te diré que ojalá nos veamos de nuevo. Pero no pienso tener la culpa de buscarte.
Tal vez.
Sea feliz, no un idiota!
Si está leyendo esto, no se encuentra perdido.
Intento distraerlo, mientras le ato los cordones de los mocasines.
Intento distraerlo, mientras le ato los cordones de los mocasines.
lunes, 11 de abril de 2016
martes, 27 de enero de 2015
Heisenberg
No sé que debo decir en estas líneas. No sé que debo pensar. No sé contar cuantos somos. Si somos uno o dos; o más. Si es que somos, o bien sólo soy yo solo. Si somos vos y yo. Sí, somos. En estas líneas perezco. Perezco en la intención de decir algo, pero más que todo perezco al querer decir algo que no sé que es.
Es otro tal vez. Si somos ya sé que viene. Sino...
Es otro tal vez. Si somos ya sé que viene. Sino...
sábado, 29 de junio de 2013
Hoy
Hoy te escribo con total certeza. Hoy tenés nombre y apellido. Hoy no sos un ideal. Somos nosotros dos. Y lo demás, no me importa tanto.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Las tres, las dos, la única
Sé que no tengo ganas de volver a escribir. De hecho, no recuerdo como hacer algo que nunca supe. Sólo que falta un rato para otro parcial y estoy aburrido. Pienso en todas las trasnoches que han sido iguales a la de hoy. Pienso en lo incondicional, en lo ideal, y en lo real. Comparo el modelo teórico con mis datos experimentales. Se puede concluir que el modelo se cumple, al menos para nuestro rango de incerteza. Pienso que te pienso y no podría ponerle palabras, ponerle palabras a eso. Pero hago lo que pienso. Entre la fantasía y lo tangible, entre la utopía y el conformismo.
Duermo.
viernes, 16 de noviembre de 2012
La playa
Media chica. Mujer entera. Navegando...explorando todas las cabezas. De puntas de pie, como diria lito, de puntas de pie se asoma al océano cósmico. Te tiras y te sumergís, en aguas poco profundas, pero aguas al fin. No se que decirte. No se que explicarte.
Mojate.
Empapate.
No tengo toallas. Quedate en el agua y nunca salgas. Arrugate los dedos hasta que salgan posters.
Tirame un hueso. Así busco mi malla y me voy a mojar yo también un poco los pieses. Desde ahí beberemos toda la sal.
viernes, 14 de septiembre de 2012
De flacos y pizzas
Me acordé del flaco. Me acuerdo que cuando murió estaba con Mariana en una pizzería de Buenos Aires. Una de esas pizzerías viejas y clásicas a las que yo nunca había ido antes, y no recuerdo si volví a ir. Por acordarme del flaco, me acordé de la pizzería y de marianita, es curioso como funciona eso (la memoria). Ya que me acuerdo de Mariam, recuerdo que me dijo justo eso el miércoles de la semana pasada en un café enfrente del cine ese (que está sobre no se que calle paralela a cabildo, cerca de juramento), que la memoria funciona por asociación. Y gracias a eso, me acuerdo de la pizzería esa al escuchar Artaud, porque lo relaciono con el flaco. Y me acuerdo que nos quedamos solos, que estaba por cerrar y ya estábamos solos los dos. Que al pagar, el mozo nos regaló licor de dulce de leche, un gesto generoso y extraño. Y que después nos fuimos por ahí, hacia no se que rincón. Me acordé del flaco por escuchar Artaud, me acordé de la pizzería. Es que no todos los días se comen napolitanas a la Spinetta. Como hoy, como aquella noche.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
