Sea feliz, no un idiota!

Si está leyendo esto, no se encuentra perdido.

Intento distraerlo, mientras le ato los cordones de los mocasines.

martes, 26 de septiembre de 2017

Yo

Si pudiera escribir sobre algo, sería sobre tus ojos azules.

También escribiría sobre las charlas del torpe y lento ascensor, siempre tan inconducentes. Por ejemplo, del viejo que me crucé hoy y que me dijo que el número trece es su favorito, por alguna razón. Podría hablar del nene que prefiere jugar a la play en lugar de merendar con su vieja.

Podría escribir sobre la lluvia y los colectivos; sobre los trenes y las tesis.

Podría escribir que bailamos un tema del potro Rodrigo.

Podría decir que hablamos ayer por teléfono cuarenta y cinco minutos.

Podría decir que hablamos de militancia y política. Que nos mandamos audio tras audio de cinco minutos.

Podría decir que cogimos.

Podría decir que.

Si pudiese escribir le contaría al mundo de vos. Les contaría que no te conozco, pero los anteojos de sol te quedan re cancheros.

Hablaría de tu tatuaje y tus piercings. Pero más hablaría de vos.

Hablaría de tu cerveza, con vos.

Si pudiese escribir, escribiría sobre Crámer, los virreyes y ese nudo que se hace ahí.

Si pudiera escribir algo, sería sobre tus ojos negros.

Escribiría sobre tu femenismo y sobre tus ideales.

Diría en voz alta que vos tenés todo lo que me gusta. Que sos Mafalda con puntos suspensivos.

Podría llegar a hablar de que te crucé en un 42, y que compartimos una birra mientras me contabas de donde habías sacado las naranjas.

Podría decir que estoy muy confundido. Y que me encanta que te hayan hecho el desayuno. Y que hablamos de tu ¿ex? Que hablamos y hablamos y hablamos.

Pero prefiero pensar en mí.


lunes, 21 de agosto de 2017

Destino

El Viernes, cuando estaba yo volviendo del colectivo, se subió una mina al 194. Se sentó (muy brevemente) al lado mío. Instantes después, se levantó y se fue a sentar a otro asiento, por el mero hecho de que observó que había un par de una fila libre y podía en uno apoyar su cartera y sentarse en el otro. El lugar donde se sentó se encontraba detrás mío y por delante de la puerta trasera del colectivo.

La mina no se había subido mucho antes de que a mí me tocase bajar. Habrían pasado dos minutos y yo ya llegaba al puente de la av. de los Inmigrantes en Escobar. Y entonces, fue cuando sucedió.

Transcurría yo por el pasillo camino a la puerta de atrás del bondi e inevitablemente me iba a acercando a la fila donde ella se hallaba sentada. Y fue así que, casi sin querer, de un modo espontáneo, la miré. Y me surgió sonreirle. Lo increíble fue que respondió a mi mirada y, muy despacio, me devolvió la sonrisa: fue una sonrisa tremenda, de labios rojos muy bien pintados y de dientes demasiado blancos, que hicieron que su pelo castaño fuese...no sé. No sé como decirlo.                      
Pero yo. Yo me encaminaba muy lentamente hacia la puerta, puesto que el colectivo se acercaba (mucho más rápido) hacia mi inevitable destino. Nunca había sido tan inoportuna una llegada a casa.
Por un instante se dio vuelta y miró de reojo, pero para mi decepción volvió de nuevo la cabeza y ya llegando y yo por bajarme, sólo el plástico gris de la parte de atrás de su asiento me devolvía la mirada.

Y cuando no me quedaba otra que pensar, pensar en como se llama, pensar en su número de teléfono, pensar dónde o cuando la iba a volver a encontrar, llegamos y tuve que bajarme.

Y estúpidamente, cuando bajé, porque el colectivo ya arrancaba muy rápido de nuevo, corrí un poco, hasta alcanzar su ventana. Y ella ya me estaba esperando: esta vez la sonrisa fue mucho más grande y me despidió con la mano mientras se reía y yo apenas si alcancé a devolverle el saludo antes de verla por última vez.

Y nunca supe como se llama, ni cómo se oye su voz, ni cual es su gusto de helado favorito.

domingo, 18 de junio de 2017

Asíntota

¿te conté alguna vez sobre nosotros dos? Creo que nunca te dije que. Que tu cara se me dibuja delante del monitor mientras escribo. Si hasta a veces tengo cosas que hacer y te me aparecés ahí, flotando suavemente sobre la planilla de Excel, como un fantasmita que no me quiere dejar, cerca mío. Y, por alguna razón, cuando por fin podemos vernos, ya te estoy extrañando mientras charlamos. Y cuando te hablo, tengo que apoyar mi codo en la mesa y mi cara inclinada, de costado sobre la mano cuyo codo está apoyado en la mesa, y los dedos de esa mano levantándome el pelo. Tengo que hacerlo por el mero hecho de que creo que así mis palabras suenan más interesantes, y esa mirada, junto a otras cosas, harán que te sientas perdida por mí. Y pienso en tus labios, tus dientes y tus ojos negros. En ese mechón de pelo que se derrama en tu cara y que tengo que acomodar detrás de tu oreja, deseando fervientemente que vuelva a caer, para que el proceso se repita torpemente y nunca termine.

Pero no somos nosotros dos, yo acá estoy bien solo. Y tu nariz y tus bigotes y tus brazos nunca estuvieron más lejos. Y quisiera poder acercarme más. ¿cuánto puedo acercarme sin tocarte? Mmm, creo que ambos entendemos el concepto de asíntota.

sábado, 29 de abril de 2017

Tiempo de paz

No se trata sólo de eso. No son son sólo las ganas de besarte ni de verte todo el tiempo. Mucho menos las ganas de mirarte todo el tiempo directamente a los ojos. No se trata, la puta madre, de ese nudo situado sobre el infinito abismo en el que quiero poder sumergirme para todos los tiempos y que preciso indefectiblemente desatar.

No se trata de nada de eso. Lo que quiero decirte podría, tal vez, llegar a parecerse o acercarse a cada una de tus sonrisas. Muy cursi esta última oración, sí. Pero me temo que no es sólo eso.  Y no se trata, solamente, de poder sacarte a bailar en la puerta. Y que queda tan cerca de. No, de eso mejor no hablar ahora.

Lo que quiero poder decir es otra cosa. Quiero decir que podría en algún momento simplemente derrumbarme. Derrumbarme dos o tres veces y volver. Estaría dispuesto a hincarme ante vos. Ofrecerte mi espada y mis servicios. Morir atropellado por cruzar mal la calle por llegar a la otra esquina y poder, por fin abrazarte, aplastado contra el pavimento. Y sin embargo, esto que te escribo en forma tan personal y directa a vos en este párrafo no expresa, todavía, lo que quiero decir. Y no, no estoy tan loco para perder la cabeza por vos después de haberte visto dos o tres veces. No, pero me alcanza para darme cuenta que, tal vez, para la quinta o la décima podría llegar a pasar.

Y si he de pelear una guerra, no quiero ser un mercenario. Quiero pelear por una causa justa y lucir con orgullo mis cicatrices.

Que lástima que no haya necesidad de soldados...y que todos los semáforos estén rojos.

Ay, si no queda otra, señora, dado que no me quiere para la guerra, tal vez no quede otra que quitarme el uniforme y servirle como un simple civil.

Pero, sin ánimo de pecar de pedante, le puedo asegurar que soy un guerrero bastante decente. Una pena (para ambos) poder servirle de ese modo. No lo tome a mal.

domingo, 19 de marzo de 2017

jashasjd

Te encontraré en mis sueños, para borrar el tiempo. Ahí, estoy seguro, nadie nos va a molestar. Te llevaré de la mano, flotando, a dar una vuelta por esa nube y con tus dedos robarás gotas de lluvia. Sin paraguas, desahuciado por haberme empapado, me recordarás que te gustan los truenos y las gotas contra la ventana...y bajaremos de nuevo a comer un helado de chocolate con almendras. O lo que sea. Haremos lo que sea, lo que queramos, porque estaremos dispersados y flotando en uno de mis sueños. Y en dos o tres también.

Voy a embarrarme los zapatos y desabrocharme el botón de arriba de la camisa. Y también las mangas. Y cuando vuelva el sol y se vaya el frío, me despertaré y recordaré que sos de verdad, y antes de irme a dormir de nuevo, tal vez te invite a salir a cumplir algún sueño, si querés.

martes, 14 de febrero de 2017

Mitosis

Tenía cuatro ojos y dos narices. Tenía cuatro brazos y era hermafrodita. Y sin embargo (que triste) se escindió en dos. Y los perfectos seres humanos que resultaron de la división, ya no me parecían tan interesantes.

lunes, 13 de febrero de 2017

Mañana

No quiero olvidar lo que he sido. No quiero ser lo que nunca fui. No quiero perder lo que soy en estas palabras. Soy en este momento estas pocas palabras y soy eso y nada más soy ahora.

Por hoy soy lo que escribo y, cuando ya no lo sea, al leer esto nuevamente, no recordaré nunca más lo que alguna vez fui: Lo que hoy soy, lo que ayer fui e incluso lo que mañana seré.