¿te conté alguna vez sobre nosotros dos? Creo que nunca te dije que. Que tu cara se me dibuja delante del monitor mientras escribo. Si hasta a veces tengo cosas que hacer y te me aparecés ahí, flotando suavemente sobre la planilla de Excel, como un fantasmita que no me quiere dejar, cerca mío. Y, por alguna razón, cuando por fin podemos vernos, ya te estoy extrañando mientras charlamos. Y cuando te hablo, tengo que apoyar mi codo en la mesa y mi cara inclinada, de costado sobre la mano cuyo codo está apoyado en la mesa, y los dedos de esa mano levantándome el pelo. Tengo que hacerlo por el mero hecho de que creo que así mis palabras suenan más interesantes, y esa mirada, junto a otras cosas, harán que te sientas perdida por mí. Y pienso en tus labios, tus dientes y tus ojos negros. En ese mechón de pelo que se derrama en tu cara y que tengo que acomodar detrás de tu oreja, deseando fervientemente que vuelva a caer, para que el proceso se repita torpemente y nunca termine.
Pero no somos nosotros dos, yo acá estoy bien solo. Y tu nariz y tus bigotes y tus brazos nunca estuvieron más lejos. Y quisiera poder acercarme más. ¿cuánto puedo acercarme sin tocarte? Mmm, creo que ambos entendemos el concepto de asíntota.
Sea feliz, no un idiota!
Si está leyendo esto, no se encuentra perdido.
Intento distraerlo, mientras le ato los cordones de los mocasines.
Intento distraerlo, mientras le ato los cordones de los mocasines.
domingo, 18 de junio de 2017
sábado, 29 de abril de 2017
Tiempo de paz
No se trata sólo de eso. No son son sólo las ganas de besarte ni de verte todo el tiempo. Mucho menos las ganas de mirarte todo el tiempo directamente a los ojos. No se trata, la puta madre, de ese nudo situado sobre el infinito abismo en el que quiero poder sumergirme para todos los tiempos y que preciso indefectiblemente desatar.
No se trata de nada de eso. Lo que quiero decirte podría, tal vez, llegar a parecerse o acercarse a cada una de tus sonrisas. Muy cursi esta última oración, sí. Pero me temo que no es sólo eso. Y no se trata, solamente, de poder sacarte a bailar en la puerta. Y que queda tan cerca de. No, de eso mejor no hablar ahora.
Lo que quiero poder decir es otra cosa. Quiero decir que podría en algún momento simplemente derrumbarme. Derrumbarme dos o tres veces y volver. Estaría dispuesto a hincarme ante vos. Ofrecerte mi espada y mis servicios. Morir atropellado por cruzar mal la calle por llegar a la otra esquina y poder, por fin abrazarte, aplastado contra el pavimento. Y sin embargo, esto que te escribo en forma tan personal y directa a vos en este párrafo no expresa, todavía, lo que quiero decir. Y no, no estoy tan loco para perder la cabeza por vos después de haberte visto dos o tres veces. No, pero me alcanza para darme cuenta que, tal vez, para la quinta o la décima podría llegar a pasar.
Y si he de pelear una guerra, no quiero ser un mercenario. Quiero pelear por una causa justa y lucir con orgullo mis cicatrices.
Que lástima que no haya necesidad de soldados...y que todos los semáforos estén rojos.
Ay, si no queda otra, señora, dado que no me quiere para la guerra, tal vez no quede otra que quitarme el uniforme y servirle como un simple civil.
Pero, sin ánimo de pecar de pedante, le puedo asegurar que soy un guerrero bastante decente. Una pena (para ambos) poder servirle de ese modo. No lo tome a mal.
No se trata de nada de eso. Lo que quiero decirte podría, tal vez, llegar a parecerse o acercarse a cada una de tus sonrisas. Muy cursi esta última oración, sí. Pero me temo que no es sólo eso. Y no se trata, solamente, de poder sacarte a bailar en la puerta. Y que queda tan cerca de. No, de eso mejor no hablar ahora.
Lo que quiero poder decir es otra cosa. Quiero decir que podría en algún momento simplemente derrumbarme. Derrumbarme dos o tres veces y volver. Estaría dispuesto a hincarme ante vos. Ofrecerte mi espada y mis servicios. Morir atropellado por cruzar mal la calle por llegar a la otra esquina y poder, por fin abrazarte, aplastado contra el pavimento. Y sin embargo, esto que te escribo en forma tan personal y directa a vos en este párrafo no expresa, todavía, lo que quiero decir. Y no, no estoy tan loco para perder la cabeza por vos después de haberte visto dos o tres veces. No, pero me alcanza para darme cuenta que, tal vez, para la quinta o la décima podría llegar a pasar.
Y si he de pelear una guerra, no quiero ser un mercenario. Quiero pelear por una causa justa y lucir con orgullo mis cicatrices.
Que lástima que no haya necesidad de soldados...y que todos los semáforos estén rojos.
Ay, si no queda otra, señora, dado que no me quiere para la guerra, tal vez no quede otra que quitarme el uniforme y servirle como un simple civil.
Pero, sin ánimo de pecar de pedante, le puedo asegurar que soy un guerrero bastante decente. Una pena (para ambos) poder servirle de ese modo. No lo tome a mal.
domingo, 19 de marzo de 2017
jashasjd
Te encontraré en mis sueños, para borrar el tiempo. Ahí, estoy seguro, nadie nos va a molestar. Te llevaré de la mano, flotando, a dar una vuelta por esa nube y con tus dedos robarás gotas de lluvia. Sin paraguas, desahuciado por haberme empapado, me recordarás que te gustan los truenos y las gotas contra la ventana...y bajaremos de nuevo a comer un helado de chocolate con almendras. O lo que sea. Haremos lo que sea, lo que queramos, porque estaremos dispersados y flotando en uno de mis sueños. Y en dos o tres también.
Voy a embarrarme los zapatos y desabrocharme el botón de arriba de la camisa. Y también las mangas. Y cuando vuelva el sol y se vaya el frío, me despertaré y recordaré que sos de verdad, y antes de irme a dormir de nuevo, tal vez te invite a salir a cumplir algún sueño, si querés.
Voy a embarrarme los zapatos y desabrocharme el botón de arriba de la camisa. Y también las mangas. Y cuando vuelva el sol y se vaya el frío, me despertaré y recordaré que sos de verdad, y antes de irme a dormir de nuevo, tal vez te invite a salir a cumplir algún sueño, si querés.
martes, 14 de febrero de 2017
Mitosis
Tenía cuatro ojos y dos narices. Tenía cuatro brazos y era hermafrodita. Y sin embargo (que triste) se escindió en dos. Y los perfectos seres humanos que resultaron de la división, ya no me parecían tan interesantes.
lunes, 13 de febrero de 2017
Mañana
No quiero olvidar lo que he sido. No quiero ser lo que nunca fui. No quiero perder lo que soy en estas palabras. Soy en este momento estas pocas palabras y soy eso y nada más soy ahora.
Por hoy soy lo que escribo y, cuando ya no lo sea, al leer esto nuevamente, no recordaré nunca más lo que alguna vez fui: Lo que hoy soy, lo que ayer fui e incluso lo que mañana seré.
Por hoy soy lo que escribo y, cuando ya no lo sea, al leer esto nuevamente, no recordaré nunca más lo que alguna vez fui: Lo que hoy soy, lo que ayer fui e incluso lo que mañana seré.
lunes, 16 de enero de 2017
Lágrima
Hoy me acordé. Después de volver a soñar los mismos sueños de siempre, me acordé. Me acordé de vos y de mí. Y recordé que nosotros éramos. O, más bien, recordé lo que nosotros éramos. Recordé.
Teníamos deciocho años y, por algún motivo, jamás me la jugué. Llegó el momento. El momento de dejar de soñar. Ya no somos nosotros. Me pregunto, entonces, que es lo que queda. En el último orejón del tarro.
Y los dibujos de tus ojos me miran y yo...ya no sé más que hacer. Tenemos deciocho. O 18. No sé que es mejor.
Y somos dos o tres nubes. Y un vodka y una última vuelta de tuerca. O el último orejón. Somos lo suficientemente viejos como para tener una historia que ya no recordamos, mas sabemos que en algún lado existe. Como nosotros. Lo que nunca fue, y nunca iba a ser, deja lugar a un mísero tal vez.
Y que ganas de ser jóvenes, para carecer de nostagia.
Me duelen tus ojos.
Vos y yo somos palabras que no pueden escribirse por separado.
Teníamos deciocho años y, por algún motivo, jamás me la jugué. Llegó el momento. El momento de dejar de soñar. Ya no somos nosotros. Me pregunto, entonces, que es lo que queda. En el último orejón del tarro.
Y los dibujos de tus ojos me miran y yo...ya no sé más que hacer. Tenemos deciocho. O 18. No sé que es mejor.
Y somos dos o tres nubes. Y un vodka y una última vuelta de tuerca. O el último orejón. Somos lo suficientemente viejos como para tener una historia que ya no recordamos, mas sabemos que en algún lado existe. Como nosotros. Lo que nunca fue, y nunca iba a ser, deja lugar a un mísero tal vez.
Y que ganas de ser jóvenes, para carecer de nostagia.
Me duelen tus ojos.
Vos y yo somos palabras que no pueden escribirse por separado.
lunes, 9 de enero de 2017
Ayer y hoy
Es 9 de Enero de 2017. Comienzo a escribir esta entrada en mi blog a las 19:03, según marca el relojito de mi computadora. Estoy en Escobar y llueve. Mucho. Acabo de comer una torta de coco con dulce de leche que sobró del cumpleaños de Guille junto con un fernet con coca. Sí, extraña combinación. La perra pidió entrar a la casa, asustada por la tormenta de Verano. Ahora es la perra. Nuestra única perra.
Nos llevó unas cuatro horas cavar el pozo: Mi viejo es viejo y yo no soy bueno para esas cosas. Terminamos hace media hora, justo antes de que se largue. Ahora ellos (mis viejos) se fueron. Quedamos solos la perra y yo. Pienso en todo lo que ella corrió hoy, en lo joven que es. Sin embargo, pienso con un cierto dejo de amarga ironía, ella morirá casi con seguridad antes de que yo cumpla cuarenta años.
Yo soy lo suficientemente grande como para recordar, de mi perro, toda su vida. Sus quince años y medio. En una tormenta como hoy, normalmente estaría rasguñando las ventanas desesperado por para que lo dejásemos entrar. Hace algunos años, corría alrededor del jardín casi tanto como mi perra ahora.
Hoy me acuerdo de otro día que, desde hoy, pasó ayer: cuando enterramos a mi otro perro al lado de este. A Pepper lo llevamos en la misma carretilla e hicimos el mismo pozo con mi viejo. Blas había vivido toda la vida con él, y cuando cayó en la cuenta de la muerte del otro, tumbó la carretilla, haciendo que el cádaver del ovejero, rodara con horrenda y macabra torpeza hacia el suelo dejando un rastro de orina sobre la carretilla. Lo lamió mucho tiempo e intentó levantarlo de algún modo, pero por supuesto el otro no respondía. Todo esto mientras lloraba impotente. Pepper siempre había sido el perro bueno y obediente y Blas una oveja negra, un perro problemático y caprichoso hasta el último día. Entre sus virtudes, sin embargo, se destacó (es extraño escribir esto en pasado siendo que hasta hace unas horas vivía) su sensibilidad. Cuando Pepper murió, pasó varios días sin comer y visitando su "tumba", intentando desenterrarlo a veces; olfateando otras...o simplemente acompañándolo.
De ese día pasaron más de cinco años. Tengo menos pelo, algunas canas y barba. Rendí muchos más finales pero aún no me recibí. Por entonces recién arrancaba a salir con Mariana, pero todavía no había venido a casa y nunca conoció al ovejero. Ahora han pasado unos meses desde que dejamos de salir.
Mi viejo guarda en su gran nariz la cicatriz de cuando lo mordió. Y, cuando era chico, saltó de la alegría de verme y me golpeó con su cráneo en el mentón. Como resultado, mis incisivos (los dos del medio superiores y los dos del medio inferiores) chocaron y así se rompieron un poco. No necesité ir al dentista, pero perdí el esmalte de esos dientes y no puedo evitar recordar ese evento cada vez que tomo algo muy frío o muy caliente.Así como tampoco olvido como escupí los pedacitos de diente después de ese incidente.
Enterró, desenterró y pinchó más de una decena de pelotas, entre las de fútbol y tenis. Se escapó de la casa cientos de veces, siendo la última en Septiembre, cuando su vejez lo traicionó y quedó debajo del auto de mi viejo. Sobrevivió a eso, también. Pero el accidente no hizo mucho para ayudarlo con sus problemas de cadera y finalmente un día, hace no mucho más de un mes, no pudo pararse solo. Ayer ya ni siquiera pudo pararse con ayuda. Una última inyección, entre muchas que recibió este último tiempo para ayudarlo a que volviese a incorporarse acabó con su vida. Antes de que la dosis, desmesurada tal vez por la urgencia, detuviese su corazón, consiguió por unos minutos el efecto deseado y bebió agua por última vez antes de morir.
Son más de siete y media y por un ratito paró de llover. Hasta se ve algo de cielo. Mili sigue durmiendo al lado, acostada sobre el piso. Sobre este tema me quedaron por decir muchas cosas, que ahora, sin embargo, ya no soy capaz de decir. Quedaran para otro día o, simplemente, serán definitiva y terminantemente olvidadas. Como todo.
La montañita de tierra pegada a la pared del vecino, junto al aromo, cubre su cuerpo a su vez recubierto de cal. Y a su lado está Pepper.
Nos llevó unas cuatro horas cavar el pozo: Mi viejo es viejo y yo no soy bueno para esas cosas. Terminamos hace media hora, justo antes de que se largue. Ahora ellos (mis viejos) se fueron. Quedamos solos la perra y yo. Pienso en todo lo que ella corrió hoy, en lo joven que es. Sin embargo, pienso con un cierto dejo de amarga ironía, ella morirá casi con seguridad antes de que yo cumpla cuarenta años.
Yo soy lo suficientemente grande como para recordar, de mi perro, toda su vida. Sus quince años y medio. En una tormenta como hoy, normalmente estaría rasguñando las ventanas desesperado por para que lo dejásemos entrar. Hace algunos años, corría alrededor del jardín casi tanto como mi perra ahora.
Hoy me acuerdo de otro día que, desde hoy, pasó ayer: cuando enterramos a mi otro perro al lado de este. A Pepper lo llevamos en la misma carretilla e hicimos el mismo pozo con mi viejo. Blas había vivido toda la vida con él, y cuando cayó en la cuenta de la muerte del otro, tumbó la carretilla, haciendo que el cádaver del ovejero, rodara con horrenda y macabra torpeza hacia el suelo dejando un rastro de orina sobre la carretilla. Lo lamió mucho tiempo e intentó levantarlo de algún modo, pero por supuesto el otro no respondía. Todo esto mientras lloraba impotente. Pepper siempre había sido el perro bueno y obediente y Blas una oveja negra, un perro problemático y caprichoso hasta el último día. Entre sus virtudes, sin embargo, se destacó (es extraño escribir esto en pasado siendo que hasta hace unas horas vivía) su sensibilidad. Cuando Pepper murió, pasó varios días sin comer y visitando su "tumba", intentando desenterrarlo a veces; olfateando otras...o simplemente acompañándolo.
De ese día pasaron más de cinco años. Tengo menos pelo, algunas canas y barba. Rendí muchos más finales pero aún no me recibí. Por entonces recién arrancaba a salir con Mariana, pero todavía no había venido a casa y nunca conoció al ovejero. Ahora han pasado unos meses desde que dejamos de salir.
Mi viejo guarda en su gran nariz la cicatriz de cuando lo mordió. Y, cuando era chico, saltó de la alegría de verme y me golpeó con su cráneo en el mentón. Como resultado, mis incisivos (los dos del medio superiores y los dos del medio inferiores) chocaron y así se rompieron un poco. No necesité ir al dentista, pero perdí el esmalte de esos dientes y no puedo evitar recordar ese evento cada vez que tomo algo muy frío o muy caliente.Así como tampoco olvido como escupí los pedacitos de diente después de ese incidente.
Enterró, desenterró y pinchó más de una decena de pelotas, entre las de fútbol y tenis. Se escapó de la casa cientos de veces, siendo la última en Septiembre, cuando su vejez lo traicionó y quedó debajo del auto de mi viejo. Sobrevivió a eso, también. Pero el accidente no hizo mucho para ayudarlo con sus problemas de cadera y finalmente un día, hace no mucho más de un mes, no pudo pararse solo. Ayer ya ni siquiera pudo pararse con ayuda. Una última inyección, entre muchas que recibió este último tiempo para ayudarlo a que volviese a incorporarse acabó con su vida. Antes de que la dosis, desmesurada tal vez por la urgencia, detuviese su corazón, consiguió por unos minutos el efecto deseado y bebió agua por última vez antes de morir.
Son más de siete y media y por un ratito paró de llover. Hasta se ve algo de cielo. Mili sigue durmiendo al lado, acostada sobre el piso. Sobre este tema me quedaron por decir muchas cosas, que ahora, sin embargo, ya no soy capaz de decir. Quedaran para otro día o, simplemente, serán definitiva y terminantemente olvidadas. Como todo.
La montañita de tierra pegada a la pared del vecino, junto al aromo, cubre su cuerpo a su vez recubierto de cal. Y a su lado está Pepper.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
