Nos tuvimos que enontrar, no podíamos no hablarnos nunca más. Llegaste a mí y yo llegué a vos.
Hablamos.
Hablamos tanto...y nos dijimos de todo. Por fin nos habíamos reconciliado.
Yo soy realista, ya sé. Arreglarnos para ser novios de nuevo, no. No al menos ahora...
Pero ya casi somos amigos de nuevo, casi. Si hasta nos damos un abrazo, y es tan fuerte que duele. Obviamente que duele así por todo lo que fuimos, somos y seremos. Y yo quiero quedarme así, adherido para nunca más despegarme.
Pero entonces me rescato que la vida no es tan fácil, que algo como lo que hice no se arregla así. Tal vez algo así nunca se arregle. Yo, muy en el fondo, soy realista.
Y entonces pienso: "esto es real, esto es real, esto es real, esto es real, esto es real..." y está claro, entonces, que no lo es.
Me despierto y, como todas las mañanas, me cae todo el mundo encima. Y lo cargo en mi mochila, en mi subconsciente, en mis bolsillos, en mi ropa, en mis ojos, en mi boca y lo llevo al laboratorio, al final de Teórica 1, a Tecnópolis, a lo de Nontué y dejo un poco en mi casa. Cada tanto voy tirando a la basura lo que puedo, y otro tanto se lo voy dejando a toda la gente que cruzo en esos lugares. Pero el mundo es muy grande; mi cabeza también. Y yo soy muy pequeño.
Y cada día que pasa, me acuerdo más de lo que hice y la mochila a punto de explotar....
Sea feliz, no un idiota!
Si está leyendo esto, no se encuentra perdido.
Intento distraerlo, mientras le ato los cordones de los mocasines.
Intento distraerlo, mientras le ato los cordones de los mocasines.
viernes, 14 de octubre de 2016
martes, 4 de octubre de 2016
Las muertes en Burzaco
A todos nos llega la muerte. La mía tiene un lugar físico, y un momento distinguible de los demás. Yo era algo que ya no soy, por el simple hecho de que decidí matarme. Matarme dos o tres veces seguidas. Morir por espuma, sin que la culpa sea por algo que no levó. Morir por un vómito y un colectivo.
Todas las muertes resultan ser partes de una misma muerte.
Morirse en un lugar preciso, sin saber donde queda. Y donde estoy. ¿dónde?
Pensarte y pensarnos, múltiples veces. Todas nuestras muertes. Y caer para siempre en la infinita locura.
Matarlos a todos junto conmigo. Y las luces y los soles y las sombras y las piedrecitas y las rayuelas.
Acabo de nacer de nuevo, pero ahora mi mundo nuevo es uno hecho de cadáveres.
Todas las muertes resultan ser partes de una misma muerte.
Morirse en un lugar preciso, sin saber donde queda. Y donde estoy. ¿dónde?
Pensarte y pensarnos, múltiples veces. Todas nuestras muertes. Y caer para siempre en la infinita locura.
Matarlos a todos junto conmigo. Y las luces y los soles y las sombras y las piedrecitas y las rayuelas.
Acabo de nacer de nuevo, pero ahora mi mundo nuevo es uno hecho de cadáveres.
viernes, 17 de junio de 2016
Los tres
Fuimos eternos. Navegamos el mismo mar juntos tantas veces, volviéndonos viejos con sutileza. Nos ganamos las canas con la elegancia propia de nuestra profesión y a costa de tantos absurdos insomnios. Fuimos tres y cuatro. Fuimos emos y fuimos frikis: somos nosotros.
El vértigo terminó: queda la última botella que habremos de beber del pico. La última sonrisa tuya fue hace cinco años por medio de una bufanda negra: los abrazos son los que son eternos.
Somos ríos y sombras; la terrible nostalgia de saber que no podemos recordar todos esos dichosos hechos que nos hicieron llegar hasta acá. Así como el hecho de saber que me da sueño escribir, que ya no resisto pasar la una de la noche.
Me iré a dormir con vos otra vez, haciendo de cuenta que somos lo que fuimos. Haremos de cuenta que nuestra plaza es la misma, siendo siempre un primer beso.
El vértigo terminó: queda la última botella que habremos de beber del pico. La última sonrisa tuya fue hace cinco años por medio de una bufanda negra: los abrazos son los que son eternos.
Somos ríos y sombras; la terrible nostalgia de saber que no podemos recordar todos esos dichosos hechos que nos hicieron llegar hasta acá. Así como el hecho de saber que me da sueño escribir, que ya no resisto pasar la una de la noche.
Me iré a dormir con vos otra vez, haciendo de cuenta que somos lo que fuimos. Haremos de cuenta que nuestra plaza es la misma, siendo siempre un primer beso.
sábado, 21 de mayo de 2016
Flor
Yo ni sabía que jugaba Tigre. Lo supe cuando pasamos por 202. Ahí subieron varios. Y unos cuantos más en 197.
Para cuando me ofreciste el chicle de menta ya eran unos cuantos más cantando en el fondo del colectivo.
Me ofreciste un chicle de menta y nunca habíamos hablado. Ni nos habíamos visto. Eso sí que fue muy extraño.
Yo estaba de la peor manera. Con el sudor seco después de jugar al fútbol. Con el pelo revuelto después de habérmelo dejado crecer de más unos dos meses. Con mi viejo buzo verde manzana sobre la remera y todavía en shorts a pesar del frío y...
La cuestión es que cuando me ofreciste el chicle te miré por primera vez y te di las gracias. Fue ahí cuando me ruboricé como nunca y te miré por primera vez a los ojos y vi que son verdes.
Hablamos hasta llegar a Escobar.
Sé que tu novio es un tal Santino. Y que mi mejor amiga lo dibujó. Y es un músico de acá.
Sé que sos de Glew y sos mamá.
Sos un año mayor que yo.
Estudiás profesorado de literatura.
Te bajaste en la estación y dijimos que tal vez nos volvamos a ver en otro viaje de Viernes a la noche en un común.
Y unos tres minutos antes nos presentamos y creo que te dije que fue un gusto. Y ahí fue que supe finalmente tu nombre. Tal vez no sepas que aquí se realiza una Fiesta Nacional en tu honor todos los años.
Para cuando me ofreciste el chicle de menta ya eran unos cuantos más cantando en el fondo del colectivo.
Me ofreciste un chicle de menta y nunca habíamos hablado. Ni nos habíamos visto. Eso sí que fue muy extraño.
Yo estaba de la peor manera. Con el sudor seco después de jugar al fútbol. Con el pelo revuelto después de habérmelo dejado crecer de más unos dos meses. Con mi viejo buzo verde manzana sobre la remera y todavía en shorts a pesar del frío y...
La cuestión es que cuando me ofreciste el chicle te miré por primera vez y te di las gracias. Fue ahí cuando me ruboricé como nunca y te miré por primera vez a los ojos y vi que son verdes.
Hablamos hasta llegar a Escobar.
Sé que tu novio es un tal Santino. Y que mi mejor amiga lo dibujó. Y es un músico de acá.
Sé que sos de Glew y sos mamá.
Sos un año mayor que yo.
Estudiás profesorado de literatura.
Te bajaste en la estación y dijimos que tal vez nos volvamos a ver en otro viaje de Viernes a la noche en un común.
Y unos tres minutos antes nos presentamos y creo que te dije que fue un gusto. Y ahí fue que supe finalmente tu nombre. Tal vez no sepas que aquí se realiza una Fiesta Nacional en tu honor todos los años.
lunes, 11 de abril de 2016
Nada de verse
Prometo que intentaré contenerme. Será la próxima vez que nos veamos. No te hablaré de la forma en que te hablé la última vez. Y por supuesto que no voy a mirarte y sonreírme de ese modo. Es más, si de hecho no puedo reprimir mis formas, simplemente me taparé el rostro con la mano y ya no verás mi boca ni mis ojos cuando te hable.
La próxima vez...prometo intentarlo.
Mi gran duda es si el intento servirá de algo.
Seguramente no...y mi último recurso será el de tapar mi cara: Te voy a ver espiando entre mis dedos, para que no veas mis ojos (ni mi sonrisa). Si llego a destaparme seguramente la próxima vez sea igual a la última.
Es que la última vez...tampoco intenté hacer lo que me dijiste que hice. Mientras lo hacía, en ello yo no pensaba...puesto que mis pensamientos sólo se centraban en todo lo que era tuyo y se erguía allí delante mío. Aunque te hagas la distraída yo sé que vos hiciste lo mismo que dijiste que yo hice.
Seguramente la próxima vez sea igual a la última.
Seguramente la próxima vez sea, entonces, la última vez.
Vos y yo volveremos a ser lo que fuimos la última vez, y ya cada intento de contenerlo será inútil. Apenas abra ese resquicio, entre mis dedos de la mano en mi cara, que me permita vislumbrar tu luz será.
Y te diré que ojalá nos veamos de nuevo. Pero no pienso tener la culpa de buscarte.
Tal vez.
La próxima vez...prometo intentarlo.
Mi gran duda es si el intento servirá de algo.
Seguramente no...y mi último recurso será el de tapar mi cara: Te voy a ver espiando entre mis dedos, para que no veas mis ojos (ni mi sonrisa). Si llego a destaparme seguramente la próxima vez sea igual a la última.
Es que la última vez...tampoco intenté hacer lo que me dijiste que hice. Mientras lo hacía, en ello yo no pensaba...puesto que mis pensamientos sólo se centraban en todo lo que era tuyo y se erguía allí delante mío. Aunque te hagas la distraída yo sé que vos hiciste lo mismo que dijiste que yo hice.
Seguramente la próxima vez sea igual a la última.
Seguramente la próxima vez sea, entonces, la última vez.
Vos y yo volveremos a ser lo que fuimos la última vez, y ya cada intento de contenerlo será inútil. Apenas abra ese resquicio, entre mis dedos de la mano en mi cara, que me permita vislumbrar tu luz será.
Y te diré que ojalá nos veamos de nuevo. Pero no pienso tener la culpa de buscarte.
Tal vez.
martes, 27 de enero de 2015
Heisenberg
No sé que debo decir en estas líneas. No sé que debo pensar. No sé contar cuantos somos. Si somos uno o dos; o más. Si es que somos, o bien sólo soy yo solo. Si somos vos y yo. Sí, somos. En estas líneas perezco. Perezco en la intención de decir algo, pero más que todo perezco al querer decir algo que no sé que es.
Es otro tal vez. Si somos ya sé que viene. Sino...
Es otro tal vez. Si somos ya sé que viene. Sino...
sábado, 29 de junio de 2013
Hoy
Hoy te escribo con total certeza. Hoy tenés nombre y apellido. Hoy no sos un ideal. Somos nosotros dos. Y lo demás, no me importa tanto.
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